PEDAGOGIA

 

Teatro Físico Pedagogía Lecoq

Todo se mueve.
Todo evoluciona, progresa.
Todo se replica y se reverbera.
De un punto a otro no hay líneas rectas.
De un puerto a otro puerto un viaje.
Todo se mueve, ¡yo también!
La felicidad y la infelicidad, tanto como los golpes.
Un punto indeciso, borroso, confuso se dibuja.
Punto de convergencias,
Tentación de un punto fijo,
En la calma de todas las pasiones.
Punto de apoyo y de llegada,
en eso que no tiene ni comienzo ni fin.
Nombrarlo,
dale vida,
darle autoridad
para comprender mejor aquello que se mueve,
para comprender mejor al Movimiento
Jacques Lecoq 1999
Todo se Mueve

En el lenguaje del teatro, así como en el de todas las artes escénicas hay un fenómeno que podremos siempre constatar: Todo está en movimiento. Incluso aquello que está detenido está, al mismo tiempo, en acción. Existe al interior de las cosas (los cuerpos, los espacios y los objetos) tanto en el escenario como fuera de él, una dinámica de movimiento. Una mimodinámica, cuyo análisis y observación para su experimentación y transposición a un lenguaje escénico, son trabajo fundamental del intérprete (actor, bailarín, marionetista) así como de todo aquel interesado la creación escénica.

Hacia 1550 los actores de la Comedia Dell’arte en Italia, se lanzaron a la búsqueda de un teatro que pusiera el énfasis en el trabajo físico del actor; en el principio de la improvisación en escena, en imágenes y situaciones capaces de expresar mas allá de la palabra y de la interpretación de ésta. Desde entonces gran parte de la búsqueda teatral ha emprendido ese camino: La tradición oriental en sus diversas formas (Teatro Noh, Kabuki, el teatro de máscara), el trabajo de clownerie en Francia, así como en Rusia, Inglaterra, Italia y gran parte de Europa de principios del s XX, el trabajo de mimo blanco (la línea de Marcel Marceau), así como del mimo dramático ( Etienne Decroux, Jean Delsarte, etc.), hasta la búsqueda contemporánea en el teatro visual, de objetos, y el así llamado “teatro físico” y el teatro-danza.

En este terreno es donde Jacques Lecoq, pedagogo francés, reinterpreta diversas tradiciones del teatrales e integra una visión que transforma las nociones y la mirada del teatro del cuerpo existentes hasta ese momento en Europa.

En los orígenes de la búsqueda de Lecoq, hace 50 años, encuentros con creadores tales como Darío Fo y Amleto Sartori, le ayudaron a dar forma a su visión del teatro, y a la creación de su escuela en París en la cual se han formado creadores y compañías, de la talla de Théâtre de Complicité, el Mummenschanz theatre, Footsbarn theatre, Arianne Mnoutchkine, etc.

La implicación del cuerpo como herramienta sensible en el juego teatral, su aproximación a la dinámica y a las leyes del movimiento en la naturaleza (los cuatro elementos, las materias, los colores, los animales, las pasiones humanas, etc.) y la transposición al escenario mediante el gesto dramático y mimodinámico, son los principios expresivos que guían el teatro y la pedagogía de Lecoq, un teatro que si bien se apoya en el texto dramático, aborda la construcción del personaje desde el trabajo de creación corporal y gestual del actor. El texto es una necesidad del cuerpo, es una urgencia del movimiento. Un resultado del gesto. En el principio está la acción…
Ahí donde el cuerpo porta un estado sensible, en palabras de Lecoq“un espacio”, ahí la palabra tiene lugar para surgir, para llenar el escenario.

El cuerpo es capaz de reproducir, analizar, reinventar en su búsqueda expresiva todas estas dinámicas de movimiento de las cosas que lo rodean y de utilizarlas como fuentes de inspiración, a este cuerpo creador del actor que observa, imagina y traduce dramáticamente, Jacques Lecoq lo llama el cuerpo poético.
El cuerpo, cada cuerpo, es a su vez portador de una historia, su propia historia. El cuerpo que somos y desde el que percibimos y expresamos, es la memoria de nuestro viaje personal. El trazo de lo vivido da forma a nuestro cuerpo y a habitar el espacio. Hay en la exploración de este material, un vasto bagaje de herramientas capaces de enriquecer el trabajo sensible y de expresión del actor enorme. Lecoq lo llamará el punto fijo, un punto de referencia que da al trabajo gestual de cada actor una sensibilidad propia, una gama única. La relación del actor con su espacio de creación, con el otro actor, así como con los objetos con los que él juega la escena estará permeada por este cuerpo poético.

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